Hay frases de la sabiduría popular que citan que “no ha muerto quien puede ser recordado” y cobran mayor relevancia al momento de sobrellevar una pérdida, puesto que a pesar de tener la claridad que nuestro ser amado ha partido y no podremos verle físicamente, evocar los recuerdos de los momentos compartidos “refrescan” el corazón.

Es completamente normal que durante las primeras fases del duelo, la frecuencia de recordar a nuestro ser amado se aumente, pues hay signos especiales que nos conectan con él o ella: escuchar su canción favorita, oler el perfume que solía usar, ver una fotografía o simplemente encontrarnos con algún objeto que le pertenecía.

Así vamos acumulando en nuestra memoria pequeños “tesoros” que apaciguan el dolor.

Quienes ya han pasado por ese momento doloroso en este proceso de duelo por pérdida, comparten que al iniciar este proceso, los recuerdos serán una memoria viviente del ser querido. Lo más impactante son las “primeros momentos” en su ausencia, como la primera noche en casa, el primer cumpleaños, o el primer aniversario sin esa persona. Afortunadamente, expresan que al transcurrir el tiempo, la sensación de la ausencia y vacío no es tan fuerte. Es probable que sea así para algunos, aunque el duelo y el tiempo son diferentes para cada persona.

El doliente y sus acompañantes deben tener claro que ante los recuerdos, es natural que se afloren sentimientos y por tanto existan respuestas ante los mismos como: llanto, ansiedad, inapetencia, problemas para conciliar el sueño, pesadillas y pérdida de la concentración. Por tanto, se debe cuidar que los “tesoros” de sus recuerdos sean usados como un gancho positivo de vida y no como puntos que atraigan mayor dolor, por tanto se recomienda:

  • Aceptar los recuerdos: Escoger los “tesoros” más representativos de su memoria, intentando que en cada uno de ellos se evoquen momentos positivos, aceptando la ausencia.

 

  • Prepararnos emocionalmente: Es válido sentir emociones de nostalgia al recordar, sin embargo, es importante que el sentimiento de tristeza no se prolongue ni interfiera con el desarrollo de las actividades normales que poco a poco debe irse retomando, el doliente debe prepararse para auto-determinar el fin de su “duelo”.

 

 

  • Cambia el sentido de los recuerdos: Evocar la memoria de quienes amamos debe convertirse en el primer paso para establecer nuevas rutinas, planear junto a su recuerdo nuevos propósitos, que el impulso de pensar “ si él/ella estuviera conmigo querría que…” sea el motor para comenzar de nuevo

 

Youlling Melissa Manosalva Sanchez
Psicologa - T.P: 166760
Unidad de apoyo emocional para el duelo
Psicologia@jardineslacolina.com
Jardines La Colina

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