Recibir la noticia de la muerte de un ser amado, ocasiona en ciertos casos, un fuerte estado de shock que para algunas personas resulta convirtiéndose en el desarrollo de una serie de miedos o fobias que le impiden adquirir las estrategias necesarias para afrontarle y que por tanto retrasan la vivencia positiva del duelo.

Principalmente, ante la eventualidad de una muerte inesperada o de un evento extramadamente traumático que gira en torno a ella, como forma de protección, el cerebro adopta una posición de bloqueo que genera miedo como única alternativa de huir.

Este bloqueo le otorga al doliente la incapacidad de acercarse ya sea físicamente o de pensamiento a cualquier cosa o recuerdo que le familiarice con la muerte, es decir, existe una total negación de la misma y con esto inicia un “nudo” emocional.

Identificar una posible fobia a la muerte puede hacerse de formas sencillas:

  • El doliente evita expresar emociones propias del duelo, como el llanto y por tanto se le puede ver tranquilo continuando con su vida en “normalidad”.
  • En algunos casos puede serguir incorporando al fallecido dentro de su rutina: sirve su desayuno, le prepara su ropa u otras cosas que hiciese por el en vida.
  • Expresa haberle visto o se le observa “conversando” con el fallecido.
  • Evade las conversaciones que involucran aceptar la pérdida, responde con evasivas sobre su estado de ánimo.
  • Evita pasar por sitios o lugares que le relacionen a la muerte. Ejemplo: no visita cementerios, no pasa por el lugar donde ocurrió la muerte, sella la habitación del fallecido.
  • En casos extremos, ante la presencia de un detonante ( algo/alguien que le recuerde la pérdida) puede entrar en estado de nervios alterados y somatizarlos físicamente en ahogo, mareos, parálisis.

Lejos de que estas acciones denoten “locura”, deben verse como signos de alarma a ser tratados (no se recomienda el uso de medicamentos, puesto que aportan al estado de negación), pero que requieren de un núcleo familiar unido en torno a ayudarle a superar este bloqueo y liberar las emociones reprimidas, contar con el apoyo de un profesional es vital pues puede guiar a todo el entorno familiar sobre las mejores alternativas para dar tratamiento a esta situación.


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