“llorar no solo alivia tu alma además te permite expresar lo que muchas veces las palabras no”.

 

En un proceso de duelo; además del dolor que esto con lleva, ocasiona emociones y sentimientos fuertes, y al pasar el tiempo facilita l fortaleza y sanación de cada doliente, genera el aprendizaje necesario para crecer y trascender como ser humano. Es una experiencia de valentía y perseverancia para atravesar es te estado emocional que genera la pérdida de un ser querido.

Asimismo, llorar es necesario para liberar sentimientos que invade la vida del doliente dando como recompensa a la normalidad tras la muerte del ser querido. No es sano reprimir el llanto, hay que dejar que fluya y vivenciar intensamente. De hecho, cuando el llanto tras una pérdida no aparece puede llevar posiblemente complicaciones físicas y emocionales. Hay personas que ante esta situación o experiencia quedan tan bloqueadas que se produce en ellos una especie de anestesia afectiva que impide la resolución del duelo y llegar a la sanción y aceptación del mismo.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que el duelo se debe abordar desde los apegos, puesto que son los apegos los que traen las dificultades para reconstruir nueva vida después de la  perdida, la sanación y recuperación no es dejar de llorar, sino liberar y expresar lo que significa vivenciar un duelo.

 Por tanto, la recuperación del duelo facilita los procesos de resiliencia, crecimiento  personal, sensibilidad frente al dolor de los demás y nuevo sentido de vida.

Pero… es bueno llorar? El llanto tiene un efecto regulador del organismo y produce una sensación de liberación después de realizarlo, es una expresión de la tristeza o de algún sentimiento y es tan necesario como reír.

Por eso,  tómate un tiempo para aceptar la pérdida de tu ser querido, tiempo para sentirte triste, para volver a sentir, para dar sentido a la pérdida… No hay razón alguna para ocultar el dolor y la tristeza que sientes.

A medida que vaya pasando el tiempo recuperarás el nivel de actividad habitual. Intenta ir retomando actividades que antes te gustaban, busca pequeños espacios para ti y para compartir con los demás. Poco a poco tu vida se irá “normalizando” llegando a la sanación recordando a tu ser querido sin dolor solo quizás llanto de agradecimiento.

Recuerda; es posible que la recuperación del duelo sea un proceso lento y doloroso, y que algunas personas necesiten acompañamiento. Sin ese es su caso, no dude en buscar ayuda profesional.

“la huella emocional no se borra, pero fortalece y brinda la capacidad de ayudar y acompañar a otros en su dolor”.

 


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