Despedir a un ser querido jamás estamos preparados en la experiencia que se vive en nuestra vidas; en esta situación aparecen diversas emociones para volver a reconstruir afrontando cambios, movimientos en el día a día. Estas emociones además, son parte esencial de nosotros; fueron elaboradas para ser expresadas por la pérdida de un ser querido, poder sentir la vida, el presente y todas aquellas experiencias que se vienen.

El duelo es el proceso de adaptación que permite restablecer el equilibrio personal y familiar roto por la muerte de un ser querido, caracterizado por la aparición de pensamientos, emociones y comportamientos causados por esa pérdida; ese equilibrio es lo que necesitamos para poder canalizar dichos emociones y pensamientos de una manera más armoniosa y sobre aceptada para nuestro camino en la vida.

Por tanto, el equilibrio emocional que se necesita para llevar un proceso de duelo correcto, es buscar el espacio y las emociones  que queremos llevar en el transcurrir.

Encontrar ese equilibrio puede verse frustrado ya que el duelo como mencioné anteriormente es un proceso y no un estado, en el que la persona involucrada en este proceso deberá realizar un esfuerzo o “trabajo de duelo” para llegar a ese equilibrio que tanto necesitamos.

Esas tareas van desde la aceptación de la realidad de la pérdida, trabajar las emociones y el dolor de la pérdida, adaptarnos al medio en el que el ser querido está ausente y finalmente recolocar emocionalmente a nuestro ser querido y continuar viviendo.

Cabe resaltar el duelo se puede dar por sanado cuando el doliente muestra de nuevo interés por la vida, va experimentando las sensaciones agradables de su alrededor, se adapta a su nueva forma de vida; es decir al nuevo rol.  Por último y más importante, es que el doliente puede recordar al fallecido sin dolor ni pena.

Como dice Volkan; “Una persona en duelo nunca olvida del todo al fallecido al que tanto valoraba en su vida y nunca rechaza totalmente su rememoración. Nunca podemos eliminar a aquellos que han estado cerca de nosotros, de nuestra propia historia”.

Podemos concluir que el duelo es necesario para reencontrar nuestro equilibrio emocional y situar en un lugar adecuado a la persona fallecida dentro de nuestra vida emocional, un lugar que nos permita seguir viviendo sin renunciar al recuerdo de la persona querida.


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