El fallecimiento de una persona suele ocasionar, en quienes mantenían un vínculo estrecho y significativo con él/ella, cambios importantes en el concepto que tienen de sí mismos y del mundo que les rodea. El proceso de duelo es, en parte, individual y en parte, compartido.

 Es individual, ya que para cada doliente constituye un camino único, diferente incluso del de los demás dolientes con los que se comparta la pérdida. Por otra parte, es compartido, ya que no podemos desligar el proceso de duelo del doliente de su entorno más próximo: su familia.

Tras una pérdida, el sistema familiar se resiente, cuando uno de los miembros de la familia fallece, los roles, las interacciones entre los demás parientes cambian drásticamente. A este proceso se añade el dolor del duelo y las diferentes formas de manejarlo de cada integrante de la familia. De hecho, es común ver cómo muchas familias pierden relación o se distancian tras un duelo, según qué miembro haya fallecido y qué función ocupase dentro del sistema familiar.

Pero es importante saber que en una vivencia de duelo en familia, es necesario que se cree un nuevo contexto en el que se construyan una nueva identidad que deje espacio para afirmar la pérdida y para crear un relato de su historia compartida con el fallecido, entrelazando los recuerdos con el momento presente.

Algunos tips a tener presente en el ambiente familiar son:

  • Permitir la expresión espontánea del duelo, de manera que el afectado no sienta la necesidad, debido a nuestra actitud, de omitir o inhibir sus emociones. Para ello es imprescindible nuestra franqueza, claridad y respeto.
  • Facilitar la manifestación del duelo a todos los niveles (cognitivo, emocional y comportamental), respetando las reacciones de cada individuo.
  • Permanecer unidos en torno al recuerdo positivo, evitar resaltar las vivencias negativas que pudieron existir entre el fallecido y los miembros de la familia.
  • Tomar decisiones juntos frente a destino final del fallecido, manejo de los objetos personales, homenajes póstumos entre otros. Recordar que todos como dolientes tienen derecho a opinar sin que esto genere discordia.

Cuando ocurre una pérdida, la familia tiene que apoyarse mutuamente, modificar sus acciones, pensamientos y sentimientos y sobre todo reacomodarse entre ellos, para buscar que todos logren encontrar de nuevo su equilibrio y así el sistema familiar nuevamente tome el rumbo requerido para seguir adelante.


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