El ser humano en su ciclo de vida cumple muchas etapas, pero quizás uno de las más tristes de la misma es la pérdida de su amor/pareja; al quedar en estado de viudez el doliente enfrenta un momento de desolación, como quien pierde lo más preciado, puesto que junto a esa pérdida se vuelan las ilusiones, proyectos y vivencias que construyeron juntos.

En este proceso de duelo, llega el momento en que el doliente debe enfrentar la irrevocable ausencia y es entonces cuando debe proyectar la mejor versión de sí mismo, para permitirse vivir su dolor, renacer del mismo y reconstruirse.

Como seres humanos, hemos nacido para vivir en compañía, esto es lo que hace que en el momento en que sanamos un profundo dolor, nuevamente sentimos la “necesidad” de compartir con otras personas. Es en este momento cuando el doliente puede abrirse a encontrar una nueva pareja, sintiéndose confundido y dividido en dos sentimientos: darse la oportunidad de ser feliz con una nueva persona y/o honrar la memoria de su amor viviendo en soledad.

La decisión a tomar será personal y comprensible, pero debe ser siempre basada en lo que al doliente le hace sentirse en plenitud de felicidad. Si estás pasando por esta situación, debes recordar que no hay mayor homenaje a un ser querido que recordarle con amor y que cuando se ama de verdad se busca la felicidad del otro, es decir el/ella quisiera volver a verte sonreír, volver a verte ser feliz; quedarán por siempre los momentos compartidos y serán esos mismos los que mantendrán viva su memoria.

Permítete honrar su nombre siendo nuevamente feliz, en el momento en que lo consideres oportuno.

 


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