La pérdida de un ser querido, representa para quien la vive un “desgarre” emocional, pues debe aceptar y afrontar la realidad de la ausencia de quien ama y que a pesar de cuales fuesen las circunstancias de su partida, no se estaba listo para vivirla; todo esto, lleva a que el doliente pueda pasar por diferentes etapas emocionales (Tristeza – Negación – Ira- Apatía – Sanación)* y que durante ellas entre en un proceso de retrospección y se “despreocupe” del mundo externo.

Aunque esta es una conducta natural y completamente normal dentro del duelo, es importante que desde los acompañantes (familiares y amigos) se brinde soporte emocional para el “cuidado” del doliente, pues se vive un proceso de “recuperación” y “rehabilitación” similar al que debe tenerse después de una herida, solo que esta no puede verse físicamente, pues se encuentra en el alma.

A continuación, nombramos algunas actividades que resultan ser efectivas para este proceso:

  1. Dispongan de espacios para hablar, sin juicios ni “consejos”.
  2. Realicen actividades que trasmitan paz y tranquilidad al cuerpo y mente (Ejercicio, Yoga, meditación).
  3. Brinden un homenaje significativo a quien partió.
  4. Cuide su imagen personal.
  5. Realice un proyecto personal.

El apoyo más importante que recibimos después de sufrir una pérdida proviene de amigos y familiares; pero en caso de dificultades para superar el vacío que nos deja nuestro ser querido, podría ser útil el apoyo terapéutico. Esta orientación será beneficiosa para la rehabilitación emocional. Recuerda que un proceso de duelo permite a la persona sanar la pérdida, vivir sin la persona fallecida, tomar decisiones por sí mismo, establecer nuevas relaciones y ser capaz de superar los momentos más críticos como cumpleaños o fechas significativas.

 

(*) Las manifestaciones emocionales son personales, cada doliente expresa y vive su etapa de duelo de forma distinta.

 


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